Las Brujas

FullSizeRender_1

Querida Constanza,

Qué tarde respondo a tu carta, qué pronto me levanto para hacerlo. Me encuentro aquí sentada, despuntando con el día, desayunando la luz por primera vez tras esta eterna estación de lluvias, la humedad, mis días grises de aplastante nostalgia.

La luz me sana, y me hace pensar en ti. Pero, ¡cuéntame! ¡Amiga! Qué largas se me hacen las horas sin tus palabras, sin ver el dorado en tu pelo y el rojo en tus labios, tú aquí sentada, bella y mía, pero sobre todo tuya, siempre tuya, dejándome compartir parte de tu tiempo. Sufro en secreto, y confío en que esta carta no sea leída jamás. No por mí, no temo mi muerte, pero no podría soportar tu desaparición, tu tristeza, tu daño en este mundo imposible para las dos y tan rasposo, pútrido, exento de amor. Perdóname, me torno lúgubre y pomposa. ¡Si estuvieras aquí! Cuando me duele el corazón, pienso en la forma en la que muerdes el chocolate, lo bien que lo pasas, y en cómo me cuentas los nombres de las flores cuando paseamos por el jardín.

FullSizeRender_2

Y cómo te añoro, Constanza. Tu cuerpo, tu carne, tus muslos rollizos, el olor en tu cuello, la sangre en tus venas. Cómo me gustas Constanza, en secreto y prohibida, fascinante para mí, amada y respetada y valorada siempre, siempre, siempre. Me das fuerza. Y si tan sólo existieras, Constanza. Aquí me tienes sentada, a la luz de la mañana, pensando en una ilusión (una vez más) y un dolor que no son tal, que no existen, como tú, que no existes, porque cómo iba la Marquesa de Todo lo Grande a encontrar una mujer que sintiera como ella, que amara como ella, que alimentara su ensoñación y dijera maldito siglo XVIII, maldito año del Señor, maldito París en 1728, jodidas leyes y jodida moralidad y jodida yo por no poder amar libremente. Paseo por el bello jardín con mi bello vestido y mi bella tez y me digo eres de mentira y mientes y engañas y existes sólo cuando cierras los ojos. En la repulsión que siento hacia el marqués y hacia todo su mundo, la jaula dorada, el rubor en las mejillas. La perfección.

Bruha

Pienso en irme. Lejos. Cualquiera de estas noches. Pero, ¿dónde ir? Ser una más, una plebeya, una doncella, una mujer libre de su destino y aunque bruja, o puta o endemoniada, por lo menos libre y capaz y existente en mí misma. Eso envidio de las brujas. Mujeres libres, concentradas y unidas, somos lo que somos y siempre elegiremos.

Te dejo, Constanza, y te agradezco este sueño, este canto, de cómo sería todo si todo fuera como quiero.

Te beso. Te sueño. Y me escapo, sea como sea, y abro el corazón para correr por bosques y lagos y caminos reales como yo.

Podré por fin respirar. Doblo la carta, yo soy el amanecer.

Me tengo a mí misma.

Te ama,

 

La Marquesa, la bruja, la puta, una de esas mujeres,

la del buen corazón.

Leave a Reply